Estrés

Se puede sentir estrés físico como resultado de tener muchas cosas que hacer, no dormir lo suficiente, seguir una mala alimentación o por los efectos de una enfermedad. El estrés también puede ser psicológico.

Sin embargo, gran parte del estrés que sufrimos se deriva de responsabilidades cotidianas menos serias. Las obligaciones y presiones, tanto físicas como psicológicas, no siempre nos resultan obvias. En respuesta a estas tensiones diarias el cuerpo aumenta automáticamente la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la respiración, el metabolismo y el torrente sanguíneo que llega a los músculos. Esta respuesta tiene el objetivo de ayudar a nuestro cuerpo a reaccionar rápida y eficazmente ante una situación de mucha presión.

La respuesta al estrés

Llamada a menudo reacción de “luchar o huir”, la respuesta al estrés se produce automáticamente cuando una persona se siente amenazada. La respuesta de “luchar o huir” del cuerpo tiene fuertes raíces biológicas. Forma parte del instinto de supervivencia. Esta reacción dio a los humanos primitivos la energía para enfrentarse a los agresores o huir de los depredadores y fue importante para ayudar a la supervivencia de la especie humana. Sin embargo, hoy en día, en lugar de protegernos, puede tener el efecto contrario. Si estamos estresados constantemente puede que seamos más vulnerables en realidad a los problemas de salud que ponen en peligro la vida.

Cualquier cambio en la vida puede hacernos sentir estresados, incluso un cambio para bien. No se trata del cambio o del acontecimiento en sí, sino de la forma como reaccionamos ante él. Lo que resulta estresante es diferente para cada persona.

Hacer ejercicio

Hacer ejercicio es una buena manera de enfrentarse al estrés porque es una forma sana de aliviar la energía contenida y liberar tensiones. También le ayudará a estar más en forma, lo que le hará sentir mejor en general. Al estar físicamente activo, disminuyen los niveles de ansiedad y estrés y mejora el estado de ánimo. Son numerosos los estudios que han demostrado que las personas que empiezan programas de ejercicios, ya sea en casa o en el trabajo, mejoran de forma significativa su capacidad de concentración, duermen mejor, sufren menos enfermedades, sienten menos dolor y disfrutan de una calidad de vida mucho mejor que las que no hacen ejercicio. Esto es cierto incluso en personas que no han iniciado un programa de ejercicios hasta los cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años. Por lo tanto, si quiere sentirse mejor y mejorar su calidad de vida, ¡actívese!